Avances de la técnica y su impacto en la privacidad

En la oscarizada “La vida de los otros” (Das leben der Anderen, 2006) la policía secreta de la República Democrática Alemana irrumpe en el domicilio del dramaturgo Dreyrman y coloca docenas de micrófonos camuflados con el mobiliario. Una vez instaladas las herramientas para el espionaje, los agentes de la Stasi se instalan en un altillo del mismo edificio y toman turnos las veinticuatro horas del día delante de una mesa, con un aparato grabador y unos cascos. Es el año 1984, en un estado que hace de espiar a sus ciudadanos casi una obligación.

Estamos en el año 2017 y más o menos todos tenemos claro que para acceder a información privilegiada o comprometida no hace falta irrumpir en viviendas ajenas y plantar micrófonos ocultos. La pérdida de la privacidad se ejecuta con suma facilidad de forma remota. Pero es posible que la figura de una persona revisando una grabación o leyendo transcripciones nos parezca aún necesaria. Alguien tiene que perder tiempo y cribar lo que decimos para poder determinar su valor.

¿O no? Recientemente leímos la noticia de que Skype translator, el software que traduce en tiempo real varios idiomas en videoconferencias de la plataforma Skype, se ha perfeccionado de tal manera que está a punto de implementarse en llamadas telefónicas. Este software usa técnicas de reconocimiento y síntesis de voz, junto con un procesamiento de datos en la nube, ejecutadas a tal velocidad que casi a continuación de pronunciar una frase en castellano, nuestro interlocutor ya la está oyendo en inglés, por poner un ejemplo. Una maravilla de la tecnología que nos hace preguntar: ¿Dónde está la persona con los cascos en las orejas, que escucha nuestra conversación y la traduce? No existe. No es necesaria. Ha sido sustituida por un programa capaz, en tiempo real, no solo de traducir las palabras pronunciadas, sino de cribar su significado y señalar la información de interés. Nuestras palabras son reconocidas, sintetizadas, alojadas en un nube tecnológica y devueltas a nuestro interlocutor en pocos segundos. En ese mismo espacio de tiempo, este software es capaz de identificar y apartar la información más relevante y valiosa. Ningún funcionario aburrido con cascos en la cabeza y mirada perdida dedicará tiempo a repasar horas de conversaciones; el programa emite alarmas, activadas por ejemplo por palabras clave, que señalan momentos de las conversaciones de especial relevancia.

Vivimos en una época en que la mayor superpotencia del mundo ha legitimado el uso de escuchas privadas mediante la Patriot Act, apoyándose en software tan avanzado como el de Skype translator. Es lógico suponer que muchas otras personas con un mínimo de medios puedan usar tecnología similar de forma ilegal para su provecho. Seamos conscientes de los avances técnicos relacionados con la seguridad de nuestra información privada. Seamos conscientes de los riesgos que tomamos en nuestras comunicaciones y usemos esa misma tecnología a nuestro favor para blindarlas. No quedemos a merced de personas que puedan tomarse este asunto de forma más seria que nosotros.

Óscar Muñoz
Abogado MCS Legaldata