¡Los ciudadanos no nos entienden!

Algunos políticos, empresarios y personajes públicos no comunican sino que sólo proyectan en voz alta lo que piensan sin que haya habido un proceso previo de análisis que calibre la repercusión

Voy a plantear una ecuación evidente. Si para que exista comunicación debe existir un emisor, un receptor y un mensaje, ¿qué ocurre cuando un mismo emisor emite mensajes improvisados y contradictorios?

Sólo hay que tener algo de memoria y leer los periódicos con periodicidad para observar que, en la actualidad, muchos políticos, empresarios y personajes públicos no comunican sino que sólo proyectan en voz alta lo que piensan sin que haya habido un proceso previo de análisis que calibre la repercusión. El efecto de esa acción unidireccional, sin analizar el efecto consiguiente, es casi siempre demoledora, y dinamita el legítimo objetivo de que las propuestas y decisiones de los gobiernos y de los agentes económicos y sociales sean aceptadas y asumidas por la ciudadanía.

Hace muchos años, un precursor de la comunicación corporativa, Edward L. Bernays, decía que no sólo se trataba de informar a la sociedad sino que había que construir una estrategia y en función de ella “integrar las acciones de una organización con sus públicos y los del público con esta organización para que ambos se beneficien”. Este axioma tiene más validez que nunca, principalmente porque la rapidez con la acontecen los hechos está haciendo que se trabaje sin estrategia y que, ante el conocimiento de una situación específica, la opinión pública reaccione peor de lo que lo haría si recibiera mensajes más elaborados.

Es frecuente escuchar a la clase política decir “los ciudadanos no nos entienden” o “el periodista ha malinterpretado mis palabras” cuando casi siempre lo que ocurre es que esas palabras son resultado del momento y no se han calibrado en un marco estratégico.

Es una realidad que la actual situación de crisis provoca crispación y que convivimos con una innegable preocupación social, pero sin cuidar el proceso comunicativo acabaremos provocando un cisma mayor entre los que gobiernan y los gobernados.