Comunicación corporativa, cómo llegamos al 2019

Ya no es novedad hablar de que la comunicación corporativa es un elemento clave para la empresa ni tampoco de lo necesario de la transparencia en una sociedad en crisis. En este año a punto de finalizar, los paradigmas comunicativos han seguido en plena evolución. Aunque en lo fundamental se mantiene, también se han perpetuado algunos errores. Para este 2019, los que gestionan las empresas tendrán que estar atentos a algunos cambios de inflexión en los paradigmas comunicativos. ¿Cuáles serán?

Durante los últimos años, la crisis condujo a las empresas a buscar resultados rápidos focalizados pensando en reducir los costes al máximo. Todo se hizo micro y las organizaciones olvidaron equivocadamente que sólo en la continuidad se halla el beneficio a medio y largo plazo, imprescindible para acompañar a un proyecto sólido. En esta carrera transitando por lo efímero, los mensajes se hicieron universalmente correctos y las herramientas se homogeneizaron. Todo se centró en contar historias y en la experiencia de marca. Que el contenido es el rey es un hecho cierto, pero lograr que esté al servicio de una estrategia es todavía un objetivo que conseguir.

En cuanto a la necesidad de encontrar el valor diferencial se ha convertido en un mantra de alto poder psicológico, pero de difícil cumplimiento. Las organizaciones deambulan por el espacio común en el que habita la mayoría y todavía no se atreven a dotarse de atributos personalizados y de mensajes coherentes a esos elementos.

Ante la crisis, las empresas reaccionaron muchas veces tarde, cuando el problema ya rodaba carretera abajo y sin freno. Ahora, de forma incontestable, se comprueba que sin una buena labor preventiva de detección de riesgos y sin la creación de una relación profesional con los medios (tradicionales o no), la superación de un escenario de crisis es especialmente dificultosa.

En el entorno online, el modelo comunicativo enloqueció. Todo era inmediato y digital. La realidad, tozuda, nos ha demostrado que el perfecto maridaje es el que combina la estrategia online con la offline. Las aplicaciones, plataformas y redes sociales, aunque parte muy importante, no llevan por si solas a la consecución de los objetivos.

Y finalmente, para complicar el panorama nos desbordan las famosas fake news. Sabemos cómo se propagan, no quién las crea ni para qué, pero estamos convencidos de que si una mentira permanece mucho tiempo en el ideario público acaba convirtiéndose en una media verdad difícilmente combatible.

Es por todo ello que para  el 2019, en términos de comunicación corporativa, proponemos apostar por las estrategias de largo recorrido; pensar en qué públicos y con qué mensajes vamos a trabajar para ser notorios y notables; crear contenidos online que se correspondan con acciones reales (útiles y singulares); visionar las crisis desde la prevención y no exclusivamente desde la resolución táctica y no menospreciar las mentiras que por inverosímiles o aparentemente inofensivas nadie se preocupa de desmentir.