¿Es la Responsabilidad Social Corporativa sólo una cuestión de imagen?

Puede y debe considerarse RSC tanto una iniciativa para ahorrar energía como una acción de voluntariado de los trabajadores, la difusión de un decálogo ético, la implementación de un proyecto de conciliación familiar…

Todavía no acabamos de ponernos de acuerdo, las autoridades competentes y los profesionales, sobre qué campos abarca la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y cómo medir si su implementación obedece a una creciente sensibilidad de las organizaciones por devolver a la sociedad parte de lo que reciben de ella o si sólo se lleva a cabo con el objetivo de mejorar la imagen pública de las empresas. Pienso que ambas motivaciones son legítimas y que no deberían ser contradictorias, el problema radica cuando una prevalece sobre otra, ya que entonces el compromiso carece de legitimidad.

Por definición, lo dice la Comisión Europea, la Responsabilidad Social Corporativa es «la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores».

En la práctica, la responsabilidad social es un gran cajón de sastre que incluye políticas de buen gobierno, sociales y de protección del entorno, aunque los ciudadanos las asocien, en muchas ocasiones, sólo a colaboraciones con ONG´s y acciones de beneficencia. Sin embargo, puede/debe considerarse RSC tanto una iniciativa para ahorrar energía como una acción de voluntariado de los trabajadores, la difusión de un decálogo ético o la implementación de un proyecto de conciliación familiar.

El pasado 19 de marzo se celebró “la Hora del Planeta, una iniciativa que consiste en apagar la luz, un mismo día y durante una hora, para pedir acciones de prevención del cambio climático. Pese a ser una acción de carácter simbólico es, en mi opinión, una clara acción de RSC, en la que participan personas a título individual, empresas, entidades gubernamentales e instituciones. Independientemente de que cada uno intente, con mayor o menor acierto, rentabilizar su participación y asociar su imagen a la de una iniciativa global impulsada por una entidad de reconocido prestigio, lo fundamental es compartir el fin y hacer algo tangible.

No se trata de que las empresas se sientan obligadas a participar porque está bien visto y mejora su proyección pública, sino que para tener auténtico sentido se debe convertir en algo real. ¿Cuántas de las empresas que han participado en “la Hora del Planeta” han tomado medidas de verdad para mejorar el entorno? Esa es, en mi opinión, la esencia de la cuestión.