La Ciberdelincuencia, la nueva gran amenaza

La ciberdelincuencia es actualmente el negocio más lucrativo dentro del ámbito empresarial, y España es el tercer país del mundo que sufre más ciberataques, después de EE.UU y Reino Unido, y va en aumento.

Desde Rusia sus piratas informáticos, estatales o no, son quienes lanzan más ataques de forma global, sorprendentemente por delante de China, concretamente Taiwán. Este tipo de ataques son considerados hoy como una de las doce amenazas más importantes para la seguridad de gobiernos y el sector de los negocios.

Siempre ha existido la delincuencia organizada. Grupos de narcotraficantes, espionaje en sectores críticos, mercenarios y algunos partidos políticos que utilizan la red Tor.

La nueva era digital ha creado a los ciberdelincuentes, que también disponen de las mismas estructuras organizadas y jerarquizadas con fines lucrativos como cualquier empresa al uso.   Estas organizaciones están aumentando exponencialmente según aumenta la innovación de los sistemas, el uso cotidiano de la tecnología y la confianza – quizás excesiva – que los usuarios depositamos en ella.

Como todos los avances en la sociedad, la tecnología nos ha aportado muchas cosas positivas, pero también nos ha expuesto a peligros – que aparentemente – antes no debíamos preocuparnos, sin embargo, lo único que puede protegernos son nuestros conocimientos con la ayuda de ingenieros cualificados, para definir las medidas precisas que puedan evitar cualquier tipo de ataque malicioso. Un sistema endeble es fácilmente superado por un pirata informático, la red es infinita y todo está interconectado. Ahí está el peligro. No solo un ordenador; una fotocopiadora, una cafetera, el sistema eléctrico, una cámara de seguridad, etc.

A través del Internet de las Cosas se ha abierto una importante brecha, tanto en casa como en nuestros trabajos. Algo tan atractivo como tener los aparatos conectados a Internet para poder controlarlos desde cualquier dispositivo es peligroso, este puede ser el resquicio que utilicen los piratas informáticos para acceder a nuestra información.

Esta narración no está inspirada en una película de espionaje, es ya una realidad. No tenemos que ser nadie importante para convertirnos en víctimas de un ataque de estas características, tampoco si trabajamos en una empresa de renombre. Tan solo buscan, cruzando datos y en ocasiones utilizando “robots”, llegar a su propósito o ir sembrado estratégicamente “troyanos” durmientes que se activan en el momento más crucial para conseguir sus objetivos.

Los despachos de abogados son uno de sus objetivos principales. Gestionan información muy delicada que interesa desde a las fuerzas de seguridad del estado, medios de comunicación, hasta simplemente extorsionadores que buscan dinero o documentos para vender a terceros. La compra de documentos, grabaciones de voz, videos, WhatsApp u otras aplicaciones de mensajería, son los objetivos de algunas de estas organizaciones criminales. Es un mercado en alza y quizás sectores vinculados con el mundo del derecho, industria o medios de comunicación deberían cumplir con los máximos requisitos de seguridad, sometiéndose a una auditoria continuada, seria y profesional para proteger sus intereses y también las de sus clientes, proveedores o colegas.

En el caso de Cambridge Analytics utilizaron información personal para manipular a los usuarios de las redes sociales. Con ella podían controlar lo que les aparecía en el timeline de sus perfiles, introduciendo contenido que pudiera influenciar en su decisión de voto en la campaña por la presidencia de EEUU, en las elecciones por el Brexit e incluso en el “Procés” catalán durante las trifulcas del 1-O. Informaciones privadas y delicadas fueron pirateadas e inclusive manipuladas. Los resultados se irán conociendo una vez se inicie el esperado juicio de 3 %.

Nosotros tan solo somos unas marionetas del poder, que son aquellos que pueden controlar nuestra información. La única solución ante la ciberdelincuencia es saber cómo protegernos, la información que compartimos en las redes y la que cedemos a terceros creyendo que estará a salvo.