¿SEGUROS CIBERSEGUROS?

Un seguro es un contrato que, mediante una cuota convenida, pretende cubrir cualquier tipo de pérdida, cuya índole es también estipulada en el mismo. Este sistema fue creado hace tres milenios por la civilizacion babilónica.

El origen de los seguros se remonta a 1200 a.C. a partir de la creación del Código de Hammurabi. En esa época, en el Próximo Oriente, las leyes eran dictadas por los dioses. En este caso fue Samash, dios del sol y de la Justicia, quién le entregó las leyes al Rey Hammurabi de Babilonia.
Este código recogía 282 estatutos existentes en las ciudades del imperio y aplicables en multitud de casos. Se fijan reglas de la vida cotidiana como la jerarquización de la sociedad, regulación del comercio, robo, herencia, préstamos, propiedades, etc.

Dentro del código también se contemplaba el derecho a indemnización. Estos abarcaban la viudedad, accidentes laborales, fallecimientos, pérdida de bienes por motivos varios, etc.

En el último caso, los propietarios de bienes se asociaban para contribuir económicamente a pagar a quién perdiera alguna de sus pertenencias.

El primer contrato marítimo data del año 1347 en Génova y el primero de vida en Londres en 1583. Tras el gran incendio de Londres en 1666, se creó el primer seguro contra incendios un año más tarde. A partir de ese momento empezaron a surgir las empresas aseguradoras como un negocio independiente.

 

Este sistema de cobertura se fue expandiendo y reformulando a lo largo de los años, siendo cada vez más específicas y adaptándose a cada momento socio-económico.

Del mismo modo, hoy en día nos encontramos con otros peligros como son los ciberataques. Este tipo de ataques consisten en vulnerar nuestros sistemas informáticos con el fin de utilizar alguno de nuestros activos con fines maliciosos. También debemos tener en cuenta la pérdida de datos de forma fortuita, tanto por causas naturales como errores humanos.

 

La pregunta que surge en la actualidad es qué tenemos que proteger y cómo. ¿Se deben proteger solo las empresas o deberíamos hacerlo también los ciudadanos de a pie?

 

No podemos proteger nuestra casa sin tener cerramientos en condiciones, previstos para todo tipo de ataques, naturales o intencionados, pero, pese a todo, esa protección puede fallar y que una inundación destroce nuestra casa o unos ladrones la desbalijen. Si no queremos perderlo todo, un seguro es lo que nos puede proteger de algún modo y no perderlo todo.

Lo mismo puede pasar si vulneran nuestros sistemas, la casa donde hospedamos nuestra información más personal.

 

Tanto personas físicas, como especialmente entidades, están haciendo fuertes inversiones en Ciberseguridad. Procuran estar protegidos con cortafuegos, distintos procesos de control, sistemas de encriptado, planes de continuidad de negocio, etc.

Estas medidas nos ayudan prevenir ataques, pero no nos asegura nuestra invulnerabilidad.

No obstante, el porcentaje de concienciación y debida protección sigue siendo muy baja con respecto a la necesidad real.

 

Los delitos informáticos son una de las doce grandes amenazas para la seguridad de gobiernos y sector empresarial, y todos podemos ser víctimas. Solo en el 2018, siete de cada 10 españoles sufrieron un ciberataque y los ataques son cada vez más sofisticados. Protegernos de ellos deja de ser solo una preocupación para las multinacionales, y pasa a convertirse en un peligro a nivel global. Es el nuevo crimen del siglo, un crimen en boga, que como otros muchos delitos que acontecen a diario, desde hurtos hasta asesinatos, nos escandalizamos al oírlo, pero lo olvidamos al poco tiempo. Los problemas no nos afectan hasta que no nos explotan en la mano, y esa progresiva insensibilización, es la que nos aleja de ver y sentir el peligro y seguir viviendo sin tomar medidas.

 

Otro factor a tener en cuenta, es que España es uno de los países con mayor precocidad en el uso de las tecnologías. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 95% de los niños de entre 10 y15 años accede a la Red y el 98% de los jóvenes de entre 15 y 26 años. Otro estudio bajo el nombre JOITIC, realizado en el 2014, dice que el 98,6% de los estudiantes de secundaria accede a Internet y el 47,2% sin control parental.

Todos estos datos deben ser considerados como señales de alarma, especialmente para todos aquellos que tengan jóvenes a su cargo. La ignorancia, falta de educación en esta área o el exceso de confianza es uno de los elementos que agravan la vulnerabilidad de nuestra privacidad ante posibles ataques cibernéticos. Hay muchísimas medidas que se pueden tomar al respecto, pero lo más sensato es protegernos ante la incertidumbre.

 

Nuestra información es nuestra propiedad. Alberga nuestra identidad, nuestros recuerdos, la cuenta bancaria, el DNI, la dirección de nuestra casa, del colegio de nuestros hijos, etc. No se trata de protegernos solo si tenemos algo que esconder y por lo que nos puedan extorsionar, sino de protegernos a que nos arrebaten nuestras vidas o ser culpados por algo que no hemos hecho.

Un “ciberseguro” no es la panacea de la protección, pero es una ayuda a la que podremos recurrir si lamentablemente nos vemos afectados por un delito cada vez más común.